José se sentía muy solo y decidió que la vida sería más llevadera si se compraba una mascota. Pero como José era una persona excéntrica, no quería cualquier mascota, quería una mascota inusual. Así que se fue a la tienda de mascotas y luego de mucho debate con el dueño, decidió comprarse un ciempiés (gusanito de 100 pies). El ciempiés venía en una cajita blanca que le servía de casita.

Una vez en casa, José buscó el sitio perfecto para ubicar a su nuevo amigo, y decidió que sería buena idea salir a tomar unos tragos para celebrar con él.

Se acercó a la cajita blanca y le preguntó al ciempíes “Quieres salir a tomarte unos tragos?” Pasaron unos segundos sin respuesta alguna.

Esto le molestó un poco a José, pero esperó unos segundos más antes de insistir “Oye ciempiés, qué tal si salimos a tomar unos tragos en el bar de la esquina?” Nuevamente, silencio total. José decidió alzar la voz e insistir una vez más “¡Oye ciempiés! ¿Quieres salir a tomarte un trago conmigo?”

La cajita blanca se movió un poquito y salió una vocecita muy firme:

“¡No tienes que gritar! Te escuché la primera vez, pero me estoy poniendo los malditos zapatos.”