Entrevista a Susana Eléspuru.

La historia de Susana Eléspuru es una historia que muestra cuánto de esfuerzo y dedicación puede dar una mujer para lograr sus objetivos profesionales y personales. Para ella, ser madre y gerente general de una de las mas importantes transnacionales como Procter & Gamble ha sido un gran reto que superó con éxito. Actualmente es socia de CTPartners empresa dedicada a la búsqueda y la selección de ejecutivos.

Susana estudió en el colegio San Silvestre, colegio de mujeres cuya educación la marcó, lo mismo que la educación que recibió en su casa de parte de sus padres. Pero es el colegio el que la llevó a pensar de una forma muy particular centrada en el lema: «Yo soy, yo puedo, yo debo y yo lo haré».

Toda la formación en el colegio estaba enfocada a potenciar a cada alumna, prepararla para salir adelante. Ella se graduó hace más de treinta años, cuando quizá la perspectiva de las mujeres respecto de la educación escolar estaba más orientada a prepararlas para una vida de madres y esposas, y no necesariamente al desarrollo profesional. Sin embargo, en el colegio San Silvestre –donde fue una alumna destacada y llegó a ocupar el primer puesto de su promoción– jamás escuchó temas relacionados con la maternidad, sino que buscaban formar sus actitudes.

Ahora que Susana tiene una hija en el mismo colegio, donde ha sido miembro del Directorio, siente mayor orgullo de lo que estas chicas están experimentando al prepararse para el reto del futuro con todas las nuevas metodologías de enseñanza existentes. Hoy en día, le encantaría regresar para ser alumna.

Me imagino que no te fue difícil ingresar a la universidad…

Mi buen desempeño en el colegio me abrió las puertas y a los 17 años me fui a estudiar a una universidad en Estados Unidos a través de la Comisión Fulbright con una beca completa de Dartmouth College, una de las universidades top de ese país, en la cual logré buenos resultados. Obtuve dos grados académicos, uno en geología y otro en literatura francesa. Para mí fue toda una experiencia por lo mismo que era muy joven, estaba en medio de otra cultura, me costó, no fue fácil, sobre todo en el aspecto psicosocial, ya que me mudé a otro país y tuve que hacer otros amigos.

¿Por qué geóloga si tú eres una mujer de negocios?

Mi carrera en geología es un reflejo del Perú como país, particularmente interesante desde el punto de vista geológico, tanto por el lado de la actividad sísmica como por su riqueza minera, el petróleo, el gas, que hoy en día es una importante fuente de energía en nuestro país.

Luego de graduarme trabajé un año en una empresa en España, pero era evidente que en aquellos tiempos no era común encontrar una mujer geóloga, incluso habíamos sido poquísimas las mujeres en la facultad. Lo que sucedió fue que la universidad donde estudié, un año antes de entrar, se había convertido en universidad mixta luego de 200 años de ser exclusiva para hombres.

Cuando yo llegué, formaba parte de la segunda promoción mixta y las mujeres representábamos el 20% del estudiantado. Debe ser por esto que me siento cómoda trabajando entre hombres y comprender su visión de negocios. Pasé de un colegio para mujeres a estudiar en una universidad que hasta hace poco había sido solo para hombres.

¿Cómo así llegas a Procter & Gamble?

Era 1978, cuando regresé al Perú, inicié mi búsqueda de trabajo en empresas petroleras y mineras.
En ese proceso abrí el periódico y me interesó un aviso anónimo que encontré. Envié mi currículum y a los pocos días me llamaron para una entrevista. Fui a Deterperú S. A. que era la razón social que en ese tiempo tenía Procter & Gamble en el Perú.

Así, por cosas del destino, ingresé a trabajar en Procter y estuve allí durante 22 años de mi vida que considero sumamente fructíferos desde todo punto de vista, ya que me brindaron tanto un desarrollo profesional como personal, pues era una compañía que funcionaba basada en la meritocracia.

Meritocracia sin importar el género sino las competencias…

Siempre tuve oportunidades de crecer y desarrollarme sin ningún tipo de limitación por el hecho de ser mujer o por mi juventud, una muestra de ello es que llegué a ser gerente general a los 32 años. Fuimos nombradas tres gerentes generales por primera vez en la corporación, las otras eran una mexicana y una canadiense. En este camino en la gerencia general me gané ojeras y canas, pero para mí haber crecido desde el punto de vista empresarial y profesional en un ambiente que recompensa el esfuerzo y los logros y cuyas decisiones sobre los puestos gerenciales están en estricta función a los méritos propios fue muy importante para sentir que el desarrollo personal depende de los propios límites y la voluntad.

Una prueba de ello es que yo había ingresado a Procter en el puesto de asistente de investigación de mercados, empecé desde abajo, siendo la primera mujer en un puesto ejecutivo. Creo que una serie de factores contribuyeron a la evolución de mi carrera en una transnacional que daba mucha importancia al desarrollo de las personas y su talento.

En mi caso, venía de estudiar geología, por lo que entenderás que mi conocimiento de márketing era nulo. Pero todo lo que aprendí, lo aprendí haciendo, porque creo que si tenemos las bases correctas podemos desarrollarnos inclusive en áreas que no fueron necesariamente aquellas donde nos formamos profesionalmente.

Si uno es capaz de aprender y pone la perseverancia y el esfuerzo necesarios y las condiciones del mercado, y las asignaciones te dan las oportunidades para ir desarrollándote, puedes alcanzar grandes objetivos. Gracias a Dios, yo tuve esas oportunidades.

Por tu experiencia directiva, ¿considerarías que existe una diferencia entre el hombre y la mujer en el momento de dirigir organizaciones?

Creo que en este tema hay mucha literatura, incluso yo misma he escrito algunos artículos. Pienso que lo que pueden hacer los dos géneros es ante todo valorar la diversidad.

Lo que los dos pueden hacer es tremendamente enriquecedor frente a una empresa donde todas las posiciones directivas estén a cargo de hombres o mujeres solamente.

Lo que te puedo decir después de lo experimentado durante mi carrera profesional en Procter –donde la gran mayoría eran hombres– y después como consultora empresarial para varias empresas con muchos hombres o muchas mujeres, es que no hay nada mejor que el balance. Creo que la mujer aporta en muchos planos un conjunto de elementos sobre todo en lo referente a la interacción humana como el trabajo en equipo, la comunicación, la construcción de relaciones. La mujer se interesa mucho en que la gente no sea vista solo como trabajadora sino ante todo como seres humanos, que puedan
expresar sus emociones.

Creo que un ambiente mixto fomenta que los hombres sean más abiertos sobre sus temas profesionales, pues tantas horas de trabajo en un mismo ambiente es casi como vivir en familia. Mis hijos me decían que yo tenía mis «deterhijos», por la relación que tenía con mis colaboradores.

En medio de esta carrera profesional exitosa, ¿cómo manejaste el tema familiar con tus hijos? Me imagino que no fue muy fácil.

Yo me casé después de los 30 años. Cuando regresé de Estados Unidos, en Procter ya me habían asignado la posición de gerente de márketing y, al año siguiente, me casé y he tenido hijos años después. Cuando nació mi primera hija yo ya tenía cuatro años como gerente general, incluso estudié el PAD de la Universidad de Piura durante mi embarazo.

La broma es que yo había pagado por una y asistían dos. Cuando nació mi segundo hijo, tenía como siete años en la gerencia y en esa etapa, entre lactancia y lactancia, estuve negociando la compra de otra empresa en el Perú. Mis hijos han nacido con esta mamá gerente general, donde ellos desde bebés han vivido en un contexto donde su mamá trabaja y no deja de ser su mamá y eso sí fue un reto y una satisfacción enorme en cuanto a la maternidad. Pero también era un reto en cuanto a cómo dividirme, a cómo manejar mis tiempos para poder satisfacer lo mejor posible ambas prioridades, pues al final no se puede apuntar a la perfección porque no existe.

No podías estar en dos lugares a la vez…

No puedes tratar de ser 100% ejecutiva y 100% mamá y hacer bien las dos cosas. Lo que yo he procurado por el lado de la familia es seguir ciertas reglas para que mi trabajo invada lo menos posible mi vida familiar y viceversa. ¿Qué significaba todo esto? Por ejemplo, vivir muy cerca de mi oficina para tener un mínimo tiempo de traslado.

Además, estar en la oficina de lunes a viernes y no llevar trabajo a mi casa, ni en las noches ni los fines de semana. Y, cuando estaba en la oficina, estar lo más conectada posible al trabajo, aparte de las situaciones de emergencia en el colegio o la casa ya que, como madre, te buscan de inmediato y una tiene que responder. Lo que no significa que deba dedicar el tiempo de la oficina a las cosas de la casa.

Para mí fue importante hacer esta división para minimizar la invasión de uno u otro lado. Y, ojo, no permitir que los viajes de negocios tomen tu fin de semana. Hubo que trabajar este tema con la corporación y se logró este avance.

Y administrar el tiempo de manera adecuada…

Aquí tenía que aplicar todos mis conocimientos sobre cómo se debe Administrar el tiempo. También me sirvió muchísimo el apoyo que tuve en mi casa de parte del papá de mis hijos, mi madre, e incluso la nana. En pocas palabras, tenía todo un sistema de soporte para que yo pueda ser lo más eficiente durante el tiempo dedicado a cumplir con mis obligaciones laborales. Pero a pesar de que las tareas de la casa podrían estar compartidas más
equitativamente, en la realidad eso aún no sucede y hay cosas que la mujer no deja porque te toca en el rol de madre. Entonces el gran reto es lo que llamamos la capacidad de «multitasking», poder ocuparnos de muchas cosas a la vez, y eso sí caracteriza a la mujer y de hecho a la ejecutiva. Percibo que las nuevas generaciones están compartiendo más estas tareas entre él y ella.

Por otro lado, tenía que controlar aquello de sentirme mal cuando existía un conflicto, porque en esos momentos tienes que estar en una u otra cosa. Ahí realmente debes decir: «Bueno, ¿dónde me corresponde estar?». Y tomar una decisión, hacer lo que se deba hacer y evitar esos sentimientos de culpa pensando si debiste hacer esto o aquello. Hay momentos que requieren que una sea muy racional y trate de tomar decisiones lo más objetivamente posible. No es fácil, pero es muy necesario e importante para no estar cargando una mochila de culpas.

¿Qué consejo les das a las ejecutivas de hoy?

¿Qué les aconsejo a las mujeres ejecutivas de hoy? Velar por un balance de vida. En mi etapa corporativa, la mía ha tenido un peso más inclinado a lo laboral, en mi etapa empresarial como consultora, hay un mejor balance. Ahora, en retrospectiva, pienso que no hay que descuidar ese balance entre trabajo y familia, la pareja y los hijos, l a p ersona y l a s alud, el es trés y las distracciones. Espero que mi nuevo plan de carrera satisfaga estos objetivos.

 
 
 

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